El Abrazo del Oso
Julio 2006
EL ABRAZO DEL OSO
Alberto era un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente, y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá, un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebe todo lo veía hermoso y aún el ruido de una hoja al caer le sonaba a lindas notas musicales.
Así fue que decidió ir a un bosque, quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza, caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente vió posada en una rama a un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje; el águila, también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar a un pez y llevarlo a su nido como alimento, pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece.
El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó :
- ¿a donde te diriges buen hombre? veo en tus ojos alegría,
- es que ha nacido mi hijo y vengo al bosque a disfrutar, pero la verdad es que me siento un poco confundido.
- oye - preguntó el águila y, ¿que piensas hacer con tu hijo?
- "pues ahora y desde ahora; siempre lo voy proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite y día con día seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo, voy a defenderlo de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles, es mi hijo, lo amo y no permitiré que pase problemas o necesidades como las que yo pasé , nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy yo aquí para que el nunca se esfuerce por nada - y para finalizar - agregó : "yo como su padre seré fuerte como un oso y con la potencia de mis brazos lo rodearé , lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe".
- el águila no salía de su asombro , atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído, entonces respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miro fijamente y le dijo: "escúchame bien buen hombre, cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar a mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro al buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas, ¿ y sabes por qué ?, porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas algún día cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar haré desprender todo ese confort y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligara a construir su propio nido, todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo; sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos, si yo los abrazara como un oso; reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremediablemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin animo de luchar, ni alegría para vivir tarde o temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos viendo mi descendencia imposibilitada para obtener sus propios triunfos, fracasos y errores porque yo quise resolver todos sus problemas, yo amigo mío, - dijo el águila- podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nuca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud; pero no voy a participar de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades; pero también sus defectos y nunca permitiré que abusen de mi en aras de este amor que les profeso".
El águila calló y Alberto no supo que decir el seguía confundido y mientras entraba en una profunda reflexión , ésta con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.
Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco y disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo un abrazo como el de un oso, reconfortado siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su pequeño bebé , pensando que abrazarlo solo sería por segundos ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos sin que ningún oso protector se lo impidiera.
A partir de ese día Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.
