Hipoacusia

Marzo 2007


 

 

Las edades de sospecha, diagnóstico, amplificación e intervención en el niño hipoacúsico  

 

Zahra Jafari a, Saeed Malayeri b, Hassan Ashayeri b

 

a University of Welfare & Rehabilitation, Department of Basic Science, Tehran, Iran

b Iran Medical Sciences University, Faculty of Rehabilitation Sciences, Tehran, Iran

 

International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology (2007) 71, 35—40

 

Traducción libre   Dr Gerardo Flores Henríquez    Pediatra Neonatólogo   Puerto Montt    Chile

 

 

1. Introducción

 

El retraso en la identificación de la pérdida de audición en niños no tiene solo efectos severos en su habla y desarrollo de lenguaje, habilidades sociales, progreso académico, condición psicológica y oportunidades laborales futuras sino también tiene consecuencias serias para los miembros de la familia [ 1,2 ]. El diagnóstico precoz de la pérdida de audición y adecuados servicios de rehabilitación de la audición pueden minimizar considerablemente el daño.

Según una nueva guía de práctica clínica del Joint Committee on Infant Hearing en el año 2000 sobre la identificación precoz de pérdida de audición y programas de intervención, todos los niños con pérdida de audición deben ser identificados antes de 3 meses de edad y los niños con pérdida de audición confirmada deben recibir intervención antes de 6 meses de edad [3]. Esta meta no será cumplida a menos que los programas de screening de audición y modalidades de intervención se realicen en las maternidades de los hospitales antes de que la madre y el neonato sean dados de alta. Tristemente, a pesar de todo su potencial en términos de conocimientos técnicos y mano de obra experta, Irán no ha ido lo bastante lejos hacia la realización de esta meta.

Mientras más precozmente se identifique un niño con pérdida de audición,  mayor sería la oportunidad para el desarrollo normal de su lenguaje[2,4,5]. En un estudio de Yoshinaga-Itano [ 2 ], los niños identificados antes de que tuvieran 6 meses de edad tenían scores de lenguaje expresivo significativamente más altos que los niños identificados después de esa edad, sin importar la modalidad de comunicación o el grado de pérdida de audición. El mismo resultado también fue reportado por Yoshinaga-Itano y Apuzzo [ 6 ].  Kitteral y Arjmand [ 7 ] condujeron un estudio retrospectivo en 291 estudiantes en Illinois y encontraron que el promedio de edad total de diagnóstico era de 20.2 meses. En su estudio, los niños con un factor de riesgo para pérdida de audición sensorio-neural eran diagnosticados no más precozmente que los niños sin un factor de riesgo. Otro estudio realizado en 37 niños con compromiso de audición en Isla Mauricio con entrevistas basadas en un cuestionario reveló que los niños estudiados fueron identificados tarde (mediana de edad 24 meses) y que el proceso de manejo era imperfecto [ 8 ].

En un estudio nacional, Harrison y Roush [ 9 ] encontraron que la mediana de edad de identificación para niños sin factores de riesgo conocidos era 13 meses para aquellos con pérdida de audición severa a profunda y 22 meses para aquellos con pérdida de audición leve a moderada.

Los niños con factores de riesgo conocidos que tenían pérdida de audición leve a moderada ó severa a pérdida profunda fueron identificados a una mediana de edad de 12 meses. En el estudio de Prendergast y cols [ 4 ] sobre los padres de 77 niños con pérdida de audición sensorio-neural severa a profunda, se reportó que la pérdida de audición había sido sospechada a un promedio de edad de 8.16 meses y que las edades promedios de diagnóstico y amplificación eran 14.58 y 19.05 meses, respectivamente.

Mankowitz y Larson [ 10 ] reportaron que los niños recibieron benficios cuando ingresaban en precoces servicios de intervención a edades más jóvenes. Este estudio confirmó los resultados de un estudio precedente en la Lexington School for the Deaf [ 11 ].

En un estudio de Watkin y cols. [ 12 ] sobre el rol de la sospecha parental, mientras que los padres habían sospechado la presencia de la pérdida de audición en el 44% de niños con severa a profunda pérdida de audición, esta contribución era mucho más baja cuando los niños sufrían de pérdida de audición permanente leve o moderada. En otro estudio similar de Parving [ 13 ],  los niños en riesgo fueron identificados no más precozmente que los niños sin riesgo. Además, en 50- 60% de los casos, los padres eran los primeros en sospechar la pérdida de audición de su niño [ 13,14 ].

En un estudio en niños alemanes en 1998, el promedio de edad del diagnóstico fue 2.5 años para pérdida de audición severa y 1.9 años para la pérdida de audición profunda [ 15 ]. Un estudio en niños de Malasia reportó que los audífonos fueron instalados tarde con una edad promedio de 5.32 años [ 16 ]. Recientemente, Ozcebe y cols [ 17 ] en un estudio retrospectivo en 199 niños con pérdida de audición severa a profunda reportaron que la pérdida de audición había sido sospechada a una edad promedio de 12.5 meses y que las edades promedio de identificación, amplificación e intervención eran 19.4, 26.5, y 33.0 meses, respectivamente.

En el estudio de Lotfi y Jafari [18] en 1352 niños bajo 6 años de edad con compromiso de audición neuro sensorial bilateral simétrico, las edades promedio de sospecha, diagnosis, instalación del audífono e intervención eran 19.4 ± 15.1, 25.9 ± 16.8, 34.8 ± 21.3 y 43.6 ± 24.5 meses, respectivamente.  Además, no había diferencia estadísticamente significativa entre estas cifras.  35.5% de los niños estaban en el grupo de alto riesgo y en términos de edades promedio , no había diferencia estadísticamente significativa entre los niños del grupo de alto riesgo y los niños del grupo sin riesgo.

La historia familiar de pérdida de audición neuro sensorial de la niñez permanente es uno de los factores de alto riesgo [ 3 ]. En el estudio Das [19], los niños con historia familiar positiva de sordera en padres o hermanos, o ambos, constituyó 23.3% de los casos.

En Irán, dada la ausencia de otro estudio sobre edades promedio de sospecha y diagnóstico de pérdida de audición excepto el realizado por Lotfi y Jafari [18], los autores pensaron determinar las edades promedio de sospecha, diagnóstico, amplificación de pérdida de audición e intervención en niños con pérdida de audición profunda en el Newsha Aural Rehabilitation Center en Teherán y comparar estos resultados con resultados similares en otros estudios.

 

2. Métodos

 

2.1. Pacientes

 

Este estudio analítico descriptivo cross-sectional fue realizado en 86 niños bajo 6 años de la edad que sufrían de pérdida de audición profunda bilateral (niñas : 50% y niños : 50%; edad promedio : 33.7 ± 11.1 meses; rango: 4 - 70 meses) en el Newsha Aural Rehabilitation Center, afiliado a The A.G.Bell Organization en USA y The Welfare Organization en Teherán.

 

2.2. Recolección de datos

 

Los datos fueron recopilados a través de entrevistas basadas en cuestionarios. Un cuestionario de tres partes (24 items), integrado por la historia personal (6 items), historia de pérdida de audición (6 items) e historia médica (12 items), fue diseñado (ver apéndice A). Los registros médicos y de rehabilitación de los niños fueron ordenados para determinar la clase y rango de la pérdida de audición.   

 

2.3. Definiciones

 

2.4. Consideraciones éticas

 

El criterio de inclusión para padres fue su buena voluntad para la participación y la firma del consentimiento informado.

 

2.5. Métodos estadísticos

 

La diferencia significativa entre las edades estudiadas fue definida por el test t-dependiente. Las edades estudiadas en los niños en riesgo y sin riesgo fueron comparadas por medio de t-test independiente. El test unidireccional de ANOVA (Post Hoc Multiple Comparisons) ayudó a examinar el efecto de las circunstancias económicas familiares sobre las edades estudiadas. Y finalmente, el análisis estadístico fue realizado por SPSS 12.00 y p < 0.05 fue considerado como significativo.

 

3. Resultados

 

En el presente estudio, la edad promedio de sospecha de la pérdida de audición fue 12.6 ± 8.9 meses (rango : 1-36); diagnóstico de pérdida de audición 15.2 ± 9.3 meses (rango : 1-36); fitting del dispositivo(s) de amplificación de audición 20.5 ± 11.1 meses (rango : 3-56); intervención (comienzo de programas de rehabilitación de la audición) 22.3 ± 11.6 meses (rango : 3 - 56) (gráfico 1).  Basado en estos resultados, el retraso promedio entre las edades de sospecha y diagnóstico :  2.7 (p = 0.00029);  diagnóstico y amplificación : 5.2 (p = 0.00047);  amplificación e intervención: 1.8 meses (p = 0.001)  fueron obtenidos.

 

 

Estas diferencias fueron estadísticamente significativas. Ciertos factores en la historia familiar o médica del niño pueden dar lugar a niño en riesgo de pérdida de audición. En el presente estudio , 41 (47.7%) niños estaban en el grupo de riesgo. En la tabla 1, los promedios de cuatro edades estudiadas se presentan para niños en riesgo y sin riesgo. La prueba estadística reveló que no había diferencias significativas entre los dos grupos en las edades promedio.

 

 

El cuestionario del presente estudio incluyó enfermedades que predisponen al niño a la pérdida de audición ; de todas estas enfermedades, el porcentaje de hiperbilirubinemia (ictericia) era el más alto (40.7% : leve, 25.6%; severa, 15.1%). Mientras que el tratamiento de elección en caso de hiperbilirubinemia severa en los niños del presente estudio había sido la luz fluorescente (6.0%) y la exsanguíneotransfusión (7.2%), 1.9% de los pacientes del presente estudio no había recibido ningún tratamiento. Hubo también cuatro casos (4.7%) de meningitis, seis casos (7%) de sarampión, y un caso (1.2%) de paperas. Dos (2.3%) las madres reportaron haber tenido rubéola durante el embarazo; otras dos (2.3%) madres habían utilizado drogas ototóxicas durante el embarazo, una de ellas en el primer trimestre (gentamicina) y la otra en el último trimestre (kanamicina). El consumo de drogas ototóxicas (gentamicina, rango : 8 días a 2 meses) durante el período neonatal fue reportado en siete casos (8.8%).  Recepción de golpes en la región abdominal durante embarazo fue reportada por tres (3.5%) madres. La frecuencia de los nacimientos pretérmino y postérmino fue 2.3% (dos niños) y 9.3% (ocho niños), respectivamente. La frecuencia de retraso en inicio de la respiración u otras dificultades respiratorias fue 17.40% (15 niños). El ingreso del niño a la NICU o a incubadora (por 2-75 días) fue reportada en 13 (15.1%) casos. Diez (11.6%) niños habían nacido con un desorden sensorial y/o motor y 9 (10.5%) niños tenían una historia familiar de pérdida de audición sensorioneural congénita entre sus padres (8.1%) o hermanas (2.3%).

Por otra parte, cuatro (4.7%) niños habían nacido con pesos más bajos que 1500 grs. Fue reportada consanguinidad entre 48 (55.9%) familias, incluyendo 36 (41.9%) casos de parejas de primos en primer grado y 12 casos (14%) de emparejamiento de primos en segundo grado y relaciones familiares más lejanas. Los padres (74.4%) fueron los primeros en sospechar la pérdida de audición de sus niños, seguido por los médicos (10.5%), parientes y amigos (8.1%), enfermeras de salas de hospitalización (2.3%) y otros (4.7%).

Después de haber sospechado la pérdida de audición de su niño, los padres en el presente habían visitado a médicos (57%), fonoaudiólogos (37.2%), terapistas de lenguaje (2.3%) u otros especialistas (3.5%)  en la primera vez. 74.4% de los audífonos habían sido proporcionados por clínicas audiológicas privadas y 25.60% por los centros dirigidos por el gobierno.

Cinco (5.8%) familias vivían en circunstancias económicas favorables, mientras que 59 (68.6%) y 22 (25.6%) familias vivían en circunstancias económicas moderadas y difíciles, respectivamente. Había diferencias significativas entre las familias en circunstancias económicas favorables y aquellas en circunstancias económicas difíciles en términos de las edades promedio de diagnóstico (p = 0.048), amplificación (p = 0.007) e intervención (p = 0.006).

 

4. Discusión

 

Siendo el objetivo del presente estudio la determinación del promedio de las cuatro edades estudiadas, sus resultados, a excepción de la edad promedio de sospecha (tabla 2), son cercanos a los del estudio de Prendergast y cols. [ 4 ]. La similitud de las muestras de población de ambos estudios merece también destacarse. Los resultados del presente estudio, sin embargo, muestran diferencias notables con los reportados por Ozcebe y cols [17].

 

 

Hay también diferencias entre los resultados del presente estudio y aquellos de un estudio previo realizado en algunas ciudades provinciales importantes en Irán por Lotfi y Jafari [ 18 ]. Estas diferencias pueden ser explicadas por el hecho de que el presente estudio, centrándose solamente en niños con pérdida de audición profunda, fue realizado en Teherán, una metrópolis con oportunidades educativas y socioeconómicas considerablemente mejores en comparación con otras ciudades provinciales, en donde el estudio de Lotfi y Jafari fue realizado en niños con pérdida de audición que variaba de leve a profunda.  El centro donde la investigación del presente estudio fue realizada pone particular énfasis en los métodos de rehabilitación de la audición. Aquellos referidos a este centro por primera vez reciben información básica sobre pérdida de audición, sus efectos adversos sobre habilidades de la comunicación y otros aspectos de la vida, la importancia de los audífonos, y la importancia del pronto inicio de los programas de rehabilitación de la audición. Este centro, así como proporciona programas usuales de rehabilitación, ofrece semanalmente programas educativos para las familias con niños con deterioro de audición. 

Los hallazgos del presente estudio revelaron que no habían diferencias perceptibles entre los niños en riesgo y los niños sin riesgo en términos de edades de sospecha, diagnóstico, amplificación e intervención. Debemos considerar que en los estudios de Kitteral y Arjmand [7 ] y de Parving  [13] , los niños en riesgo fueron identificados no más precozmente que los niños sin riesgo. Además, en el estudio de Harrison y de Roush [ 9 ], los niños con factores de riesgo conocidos que tenían pérdida de audición severa a profunda también fueron identificados no más precozmente que los niños con el mismo rango de pérdida de audición y sin factores de riesgo conocidos.

En el presente estudio, la historia familiar de pérdida de audición sensorio neural permanente de la niñez era 10.46%, lo cual está cerca del resultado del estudio de Lotfi y de Jafari [ 18 ] (11.1%) pero es más baja que la del estudio de Das [ 19 ] (23%). Si la historia familiar de pérdida de audición sensorio neural permanente de la niñez es considerada como una causa de pérdida genética de audición, entonces puede decirse que los factores genéticos han desempeñado un papel importante en la etiología del 10.5% de las pérdidas de audición en el presente estudio. No obstante,  la distracción del equipo médico a los factores de alto riesgo en el parto y durante el período postnatal y la información inadecuada de los padres son tambien culpables de la pérdida de audición profunda en los pacientes del presente estudio. 

La hiperbilirubinemia , se manifiesta en un alto porcentaje de niños de término normales. En el presente estudio, un alto porcentaje de casos (40.7%) tenía hiperbilirubinemia neonatal, 15.1% de las cuales eran severas. En el estudio de Lotfi y Jafari [18 ], 29.2% de los niños tenían hiperbilirubinemia severa en el nacimiento. Puede concluirse solamente que este factor, como otros factores de alto riesgo, requiere vigilancia constante de parte del equipo de salud y de los padres durante los primeros días de la vida del niño. 

La consanguinidad, responsable de varias desventajas en los descendiente, fue reportada en más de la mitad de los padres (55.9%) en el presente estudio. Parece que todavía hay mucho que hacer para aumentar la conciencia pública de los riesgos implicados en la unión entre familiares.

Los padres (74.4%) en el presente estudio fueron los primeros en sospechar la pérdida de audición de sus niños y entonces hubo visitas por primera vez al médico (57%). Semejantemente, en  el estudio de Lotfi y Jafari [18],  fueron principalmente los padres quienes visitaron al médico por primera vez (83.3%) después de sospechar la pérdida de audición de sus hijos (80.2%). Este resultado demuestra la importancia de la identificación precoz de la pérdida de audición  y de la intervención en niños. En el presente estudio, el porcentaje de sospecha de los padres fue algo más alto que lo reportado en los estudios de Watkin y cols [12] y Parving [13,14].

Otro punto importante sobre el cual los padres y médicos deben estar enterados es el consumo de fármacos ototóxicos en el período neonatal (presente estudio : 8.8%;  estudio de Lotfi  y Jafari : 6.0%)  y durante el embarazo (presente estudio : 3.6%;  estudio de Lotfi y Jafari : 2.4%).

El hecho de que la mayoría de las familias en el presente estudio vivía en circunstancias económicas moderadas (68.6%)  tuvo un comportamiento directo sobre las edades estudiadas; había diferencias considerables entre las familias en circunstancias económicas favorables y difíciles en términos de las edades de diagnóstico, amplificación e intervención.

 

5. Conclusión

 

Aunque los hallazgos del presente estudio en términos de promedio de edades de sospecha, diagnóstico, amplificación e intervención fueron más promisorios que los resultados de un estudio previo en Irán [18] por las razones que han sido discutido antes, hay aún una destacable brecha con las edades promedio anunciadas por el Joint Committee on Infant Hearing.  

Los estudios realizados hasta el momento acentúan el hecho de que la detección precoz de pérdida de audición y la intervención (EDHI) y el aumento de la conciencia pública de los factores de alto riesgo son las vías más eficientes para disminuir estos promedios de edades.

 

 

Apéndice A

 

Cuestionario sobre historia de pérdida de audición

  1. Who suspected the child’s hearing loss for the first time? (parent, physician, nursery nurses, relatives and friends, others)

  2. How many months old was the child at the time (age of suspicion)

  3. After suspecting hearing loss, to which kind of specialist did parents refer for the first time? (audiologist, physician, speech therapist, others)

  4. How many months old was the child when undergoing the first hearing test? (age of diagnosis)

  5. How many months old was the child when having the hearing aid fitted? (age of hearing-aid fitting)

  6. How many months old was the child when aural rehabilitation services commenced? (age of intervention)

Historia médica

  1. Which disease(s) did the child contract when below 2 years of age? (Rubella, Measles, Mumps, Jaundice, Meningitis, others)

  2. Is there a history of the child’s being treated with ototoxic drugs for a long time? (please mention drug type, its amount, and duration of consumption)

  3. Which disease(s) did the mother contract during pregnancy? (Toxoplasmosis, Rubella, Cytomegalovirus, Herpes, Syphilis, others)

  4. Did the mother take ototoxic drugs during pregnancy? (please mention drug type, its amount, and duration of consumption)

  5. Did the mother receive a blow to her abdomen during pregnancy? (Please describe it and mention the time of occurrence)

  6. Type of childbirth: normal, pre-term, post-term.

  7. Did the child experience delays in breathing or other breathing difficulties during childbirth?

  8. Was the child confined to the NICU or in the incubator? (please mention its duration)

  9. Child’s weight at childbirth: . . .

  10. Did the child experience hyperbilirubinemia after birth? (please mention its severity and recommended and/or conducted efforts)

  11. Is/are there any person(s) with hearing loss among family members?

  12. Apart from hearing loss, does the child have other diseases or disorders?

 

Referencias

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